Voces con Alma
Voces con Alma nace para escuchar y conservar las historias de nuestras personas mayores, memoria viva de un territorio construido generación tras generación.
Almas con voz, Voces con Alma
Doce voces que comparten recuerdos, saberes y experiencias que forman parte de las raíces y la identidad de Aller. Porque un territorio no son solo sus paisajes, pueblos o montañas; son también las personas, los vínculos y las ALMAS que lo han habitado, lo habitan y le siguen dando vida.
Un homenaje a quienes nos precedieron y una mirada hacia quienes continuarán la historia, para conocer, cuidar y construir un futuro recordando de dónde venimos.
Porque cuando una voz se escucha, una historia permanece. Y cuando una historia permanece, un territorio sigue estando vivo.
Aller, hoy y siempre.
Aurora
Aurora nació en Lena, a sus 71 años lleva 50 viviendo en Aller y afirma sentirse plenamente allerana. Llegó por amor y aquí construyó su vida. En 1977, con valentía y espíritu emprendedor abrió una ferretería en Cabañaquinta, pueblo en el que sigue viviendo. Una tienda donde había de todo, pero donde se encontraba sobre todo cercanía y buen trato. «Muchos de los clientes eran como familia», recuerda emocionada. Ha visto cómo Aller ha cambiado y mejorado en infraestructuras, comunicaciones y señalización de paseos, entre otros. También destaca que sus tradiciones y fiestas siguen vivas y no decaen. Habla con ilusión de los recursos y posibilidades que tiene el concejo para construir un futuro más próspero y nos cuenta como la llegada de gente nueva al pueblo da mucha vida. Para Aurora, Aller no es solo el lugar donde vive, sino el lugar al que pertenece. «Como Aller no hay otro. Nacería mil veces y volvería» afirma.
Jesús
Con 73 años, nació en Soto y vive en Cabañaquinta. Fue maestro durante 36 años en el colegio de Caborana y, ya jubilado, disfruta caminando por Aller y trabajando en su huerta. En su testimonio recuerda los cambios que ha vivido el concejo, especialmente el desplome de población tras el cierre de la minería, y apuesta por un impulso en el sector servicios y turístico. También destaca la importancia de acercar los conocimientos de los mayores a los niños y fomentar las actividades intergeneracionales y la educación ambiental. Gran conocedor del patrimonio de Soto, nos descubre la historia de la Torre, la iglesia de Miravalles, la capilla del Cristo y otras manifestaciones artísticas de la parroquia, haciendo especial mención a la fuente La Corteya. Su mensaje a las nuevas generaciones es claro: valorar, cuidar y conservar el territorio y el patrimonio de Aller, así como saber transmitir todo aquello que forma parte de su identidad.
Caridad (Cari)
Vecina de Los Estrullones y nacida en Bello, Cari lleva toda su vida en el concejo de Aller. Ama de casa, durante años cuidó de su familia, de sus animales y de su huerta, una pasión que continúa cultivando hoy, a sus 78 años. Desde esa experiencia cotidiana, nos comparte su mirada sobre la vida en el concejo y sobre una forma de habitar el territorio ligada al campo y a los cuidados. También reflexiona sobre la necesidad de crear puestos de trabajo que permitan a las nuevas generaciones quedarse. Y, como guinda del pastel, nos comparte su receta del panchón, el postre por excelencia del concejo, una tradición que forma parte de la identidad de Aller y de la gastronomía asturiana.
Silvino y Ricardo
Dos hermanos muy unidos, de 71 y 69 años , que nacieron en la Güeria, Aller. Durante esta entrevista nos trasladamos a un lugar lleno de historia y amor, el molín de Adela, que lleva el nombre de su madre, molinera de la época. El molín, gracias a estos dos hermanos, permanece hoy abierto a centros educativos para transmitir los conocimientos e historia que atesora. A través de sus recuerdos, nos acercan a su experiencia de vida en el concejo y rememoran aquellos tiempos de juntanza y convivencia cuando compartir momentos y ayudarse mutuamente formaba parte esencial de la vida en los pueblos. Ricardo, recuerda la gran sabiduría que las mujeres guardaban en torno a la cocina, resaltando el valor de la gastronomía del concejo. Silvino, nos relata una leyenda de su madre en el molín, publicada en la revista Estaferia del Ayuntamiento de Aller. También nos comparten su visión de futuro sobre el aprovechamiento y conservación de los recursos naturales del territorio.
Josefa Ramona
Con 88 años, vecina de Pelúgano y nacida en Pola del Pino, recibió el homenaje a la Abuela Campesina. Su memoria recoge grandes cambios y una infancia marcada por el esfuerzo y trabajo. Recuerda un tiempo sin coches y lavando en el río, cuando había que cultivar maíz para poder comer pan. Pone en valor cosas que hoy forman parte de nuestra vida cotidiana, como tener agua en casa, la fregona o lavadora. También habla de la marcha de los jóvenes por falta de trabajo y del envejecimiento de los pueblos. Desde su experiencia, reivindica la sabiduría de los mayores y el contacto con la tierra. Su consejo es sencillo: plantar, cosechar y recuperar el valor de los alimentos sanos.
José Francisco (Paco)
Paco nació en La Casiella y, a sus 74 años, asegura que ya no quiere moverse de Casares, el pueblo donde vive en el concejo de Aller. Minero jubilado, comparte sus experiencias de trabajo y su pasión por la montaña, descubriéndonos algunas de las rutas que ha recorrido. En su memoria guarda los grandes cambios del concejo como la llegada de las carreteras «Antes teníamos burros para llevar las cosas». Considera que Aller es un gran lugar para vivir aunque señala la necesidad de crear puestos de trabajo para garantizar un futuro. También nos regala expresiones de la tradición oral allerana y resalta la importancia de aprender de los mayores para que estas historias y tradiciones se mantengan.
Esperanza
Esperanza, mujer emprendedora de 75 años, nació y creció en Moreda, donde sigue viviendo. En su vida compaginó familia y trabajo con su pasión por el folklore en Coros y Danzas de Moreda (hoy Folklore Allerán), recuperando bailes y trajes tradicionales. Durante gran parte de su vida fue presidenta de la Sociedad Humanitarios, desarrollando una gran labor y entregando su tiempo y esfuerzo de
forma solidaria. Nos recuerda una época en la que no se desperdiciaba nada: «Mira si la allerana ye curiosa que hasta les migues del pan aprovecha” y de ahí nace el singular panchón. Evoca con nostalgia antiguos edificios, el río y las labores del campo. Le preocupa un Aller que envejece y donde los jóvenes encuentran pocas oportunidades. Defiende mantener vivas las tradiciones y recuperar los juegos tradicionales que «nos enseñaban a ser compañeros». Y cuando habla de Moreda, lo hace desde el corazón: «Es mi casa, me dio al amor de mi vida y a mis hijos y nietos”.
Milagros y Aquilino
Milagros y Aquilino son un feliz matrimonio de 82 y 90 años, que viven en La Cochera (Piñeres), en el mismo lugar donde ella nació. Milagros dedicó su vida a la casa, huerta y animales , mientras Aquilino desempeñó distintos oficios, entre ellos la minería. Recuerdan una vida sencilla en la que, como dice Milagros, «éramos muy felices sin nada», entre lavaderos, ríos y fuentes donde lavar la ropa y conseguir agua. Para Milagros, el río fue «media vida». Hablan del cierre de las minas y de cómo la marcha de la gente ha transformado el territorio: la tranquilidad de antes se ha convertido hoy en soledad. Ambos reivindican la necesidad de crear empleo para recuperar vida en el concejo y destacan Coto Bello y su mirador, como uno de sus lugares más queridos.
Alicia
Alicia, allerana de 73 años, nació en Castañeo y lleva 42 años viviendo en Felechosa. Estudió para ser maestra, aunque dedicó su vida al cuidado de su casa y su familia, una labor imprescincible y poco valorada. Habla de las fiestas y de monumentos, de lugares como la Torre de Soto, testigo de muchos de sus recuerdos. Guarda en su memoria los cambios del concejo y la despoblación que ha visto a lo largo de los años y nos cuenta la necesidad de creación de puestos de trabajo para asentar población. Ante todo, sigue eligiendo Aller para vivir, un concejo del que no cambiaría nada: «Yo quiérolu así de guapu», nos relata.
Ángel
Minero jubilado de 68 años, nacido en Castañeo, vive en Los Estrullones. Tras una trayectoria profesional en la mina, mantiene viva su pasión por la ganadería, actividad que hoy considera en declive. Relata cómo ha evolucionado el territorio y sus paisajes, así como la pérdida de la cultura del fuego y de las “sustiferias”, prácticas tradicionales que contribuían al cuidado del entorno. También destaca la ausencia de animales como burros, cabras y reciella en los montes, y la importancia que tenían en el mantenimiento de los ecosistemas y en la ganadería. Pone en valor recursos naturales del concejo como su gran masa forestal y el río, que considera oportunidades de futuro. Asimismo, resalta la calidad de la carne como un gran valor de Aller. De cara a los próximos años, imagina un concejo con más turismo, más emprendedores, más trabajo, y mayor unión entre sus habitantes.